🚦😸 Presentación de un nuevo gato en casa: Mi experiencia

Tres gatos de caricatura en un entorno hogareño. Un gato blanco de ojos heterocromáticos saluda con la pata a un pequeño gatito gris y atigrado que está dentro de un transportín abierto. Un gato negro y blanco con ojos azules sostiene una galleta para gatos. Un rascador y un cuenco de comida son visibles en el fondo.

🐾 Introducción

Una vez que hemos decidido adoptar un nuevo gato más en la familia, es muy importante tener en cuenta la adaptación y posterior presentación al entorno y a los demás gatos de la casa, ya que no es un tema menor, y de ello puede depender que después haya una buena relación entre ellos.

La experiencia que vamos a detallar es la de Milo, un macho castrado de unos 10 meses que ya vivía con nosotros, junto con dos gatas que adoptamos:

Nube, una hembra de unos 5 meses sin castrar, y Nala, una hembra de unos 3-4 meses sin castrar.

📝 Lo que debemos tener en cuenta

Siempre hemos escuchado que los gatos son animales territoriales, y quise profundizar en ese concepto, en su significado y en lo que implica. La mejor forma de entenderlo para mí fue ponerse en su punto de vista. Si un gato pudiera contarte qué significa ser territorial, sería algo así:

“Mi hogar no es solo un sitio: es mi territorio. Es el lugar donde me siento seguro y donde sé que tengo todo lo que necesito para vivir, como mi comida, mi cama y el sitio donde hago mis necesidades. Incluso aunque un humano me dé de comer, mi instinto me dice que debo defender esta zona. Esto es un instinto de supervivencia que mis ancestros perfeccionaron. Para ellos, defender su zona era cuestión de vida o muerte; de no ser así, otro gato podría aparecer y quitarles los recursos vitales. Aún hoy, en mi segura casa, me lo tomo muy en serio.

Si aparece otro gato, en mi cabeza se dispara la alarma: ¡Alerta! Este nuevo gato podría apoderarse de mi comida, mi espacio para dormir o mi rincón preferido. Para evitarlo, debo ser muy claro en quién es el dueño. Por eso, cuando se piensa en traer otro gato a casa, es crucial entender que estoy defendiendo mi supervivencia. No es por mala intención, es por instinto puro. Si un nuevo gato entra sin respetar mi zona, para mí será una amenaza que me pondrá en guardia. Por eso, es tan importante hacer esa introducción de forma muy lenta y cuidadosa.”

Explico esto porque me ayudó mucho a entender muchos comportamientos. No podemos olvidar que los gatos son una especie muy diferente a la nuestra, y sus comportamientos también lo serán. A veces, y me incluyo, cometemos el gran error de interpretar sus comportamientos desde un punto de vista humano. En mi caso, empecé a ser más consciente desde el día en que en mi casa comenzaron a convivir más de un gato.

🏡Dos formas de Presentación/ Adaptación

Cuando decidimos que queríamos que Milo tuviera un compañero o compañera, leímos sobre el tema, ya que la experiencia de otras personas era diferente, y queríamos ser muy cuidadosos con este proceso, que es muy estresante tanto para el gato que ya vive en casa como para el que llega nuevo. Investigamos experiencias de otras personas, así como recomendaciones de veterinarios y etólogos, y encontramos dos maneras de abordar la introducción.

👜 Presentación directa

La primera de ellas era llegar a casa con el gato nuevo dentro del transportín cerrado, dejarlo un rato (unos 15 minutos) dentro y dejar que el gato que ya vive en casa entre en la misma sala, para que ambos se puedan explorar. Al pasar ese tiempo, abrir el transportín y dejar que salga para que puedan explorarse más de cerca. Siempre con supervisión, por supuesto, y dejarlos interactuar si no hay signos fuertes de agresividad.

Esta es la opción que elegimos cuando trajimos a Nube, y no voy a mentir, la escogí porque siempre que se introduce un gato nuevo en casa, quieres que ese proceso pase pronto y vaya rápido. Es estresante para los gatos, pero también para las personas que conviven con ellos, porque los gatos, al ser territoriales, al principio pueden ser muy agresivos entre ellos, hasta que entiendan que su supervivencia no corre peligro y puedan empezar a convivir. Yo quería cuanto antes tener dos gatos que fueran los mejores amigos y que ya confiara en nosotros.

Entramos en casa con Nube dentro de un transportín y pusimos el transportín en un lugar tranquilo para que Milo y ella pudieran conocerse. Se olieron, y Milo estaba muy curioso y nervioso, Nube estaba asustada. Tras unos 15 minutos abrimos el transportín por una puerta lateral, para que ella pudiera salir si lo necesitaba. Nube se quedó quieta, y Milo comenzó a darle muy suave con la patita.

Nube parecía muy incómoda y asustada, intentamos darles un churu a cada uno para que pudieran asociar la situación a algo positivo, pero Nube no estaba receptiva, y ni siquiera un churu podría cambiar su estado, y es que, al fin y al cabo, la casa era nueva, y nosotros y Milo éramos completos desconocidos para ella. Ella no quería estar allí, pero tampoco conocía la casa, y no sabía dónde podía esconderse.

Después de unos 20 minutos, las cosas no cambiaban. Lo que sí cambiaba era que Milo se acercaba más y más a Nube, y ella se mostraba cada vez más incómoda bufando y ambos dándose manotazos. Decidimos que ya era suficiente: Nube llevaba un día demasiado estresante, había cambiado de casa, había viajado en coche, y había llegado a un sitio nuevo lleno de desconocidos. La llevamos a la habitación que habíamos preparado para ella, para que pudiera estar tranquila y empezar poco a poco a adaptarse a su nueva familia humana-gatuna y a su nueva casa.

En la habitación que preparamos para Nube, tenía una camita debajo de nuestra cama para que pudiera descansar escondida. En su camita pusimos la mantita que traía de su casa anterior, para que reconociera su olor. Tenía un arenero limpio, comida, agua, rascadores y juguetes.

Decidimos que ese método no era lo que queríamos para Nube y Milo, que era demasiado estresante, y consideramos mucho más saludable hacer las cosas poco a poco, y que se fueran acercando cuando ambos se sintieran más cómodos, sobre todo Nube, que necesitaba conocer todo y empezar a confiar en que su nueva familia no le iba a hacer daño. Por lo que decidimos utilizar el método de presentación gradual en habitaciones separadas.

Nunca más volvimos a usar este método, sobre todo porque una cosa es leer y ver vídeos, y otra diferente es vivirlo. Cuando traes un gato nuevo a casa y lo presentas al que ya vive contigo, entiendes que cada animal necesita sus tiempos, y ese tiempo depende de muchos factores, porque cada animal ha vivido experiencias muy diferentes. En nuestro caso, Milo lo encontramos abandonado en un gallinero a los 8 meses, y Nube la rescataron de la calle a los 3 meses. No sabemos por lo que pasaron ni lo que sufrieron, así que debemos ser pacientes y darles el espacio y tiempo que necesitan.

Aunque hay quien defiende la presentación directa, desde nuestra experiencia resultó ser muy estresante para ambos animales, y nunca más volveré a utilizarlo. Incluso si el tiempo que pase el gato nuevo en la habitación es de 2 días, como nos pasó con Nala, es necesario que tenga su espacio seguro y que ambos gatos se familiaricen poco a poco.

🐱↔️🐱Introducción gradual

La otra forma de introducir un nuevo gato en casa y hacer la presentación de manera gradual es la que voy a detallar. La llevamos a cabo con Nube después de comprobar que no nos sentíamos cómodos con una presentación directa, y también la seguimos cuando trajimos a Nala.

Nube y Nala tuvieron procesos muy diferentes, por lo que voy a describir cómo fue el proceso con cada una.

A continuación detallo cada paso del proceso, y como nosotros lo llevamos a cabo.

🛏️ Habitaciones separadas

En esta primera fase buscamos dos cosas: 

  • Que el gato que llega a casa tenga la oportunidad de explorar su nuevo hogar poco a poco, empezando por un espacio pequeño donde tendrá la oportunidad de entender que no le va a faltar de nada y que será un espacio seguro.
  • Desde este espacio seguro tendrá la oportunidad de empezar a reconocer olores y sonidos de los miembros de la familia con los que va a convivir.

Nube

Metimos a Nube en la habitación que habíamos preparado, con todo lo necesario: comida, agua, arenero, rascadores, juguetes y escondites. Esa sería su zona segura durante la adaptación – presentación.

Le abrimos el transportín, y Nube corrió debajo de la cama y se escondió lo mejor que pudo. La dejamos sola un rato para que ella pudiera estar tranquila y tranquilizarse, ya que había vivido situaciones muy estresantes ese día. La dejamos un par de horas, y luego volvimos a entrar; hubiéramos preferido dejarla esa noche tranquila para no estresarla más, pero lamentablemente Nube venía con infección de oídos, y teníamos que aplicarle unas gotas cada 12 horas.


Cogerla no era lo ideal en ese momento, ya que era muy pronto, pero era lo que había que hacer, así que entré en la habitación, y estuve un rato sentada en el suelo para que ella viera que mi presencia no era mala. Llevaba cuches, churu y juguetes, pero ella no quería nada de eso, sólo estar escondida.


Ella estaba debajo de la cama, y nosotros habíamos preparado su camita debajo de esa cama, de una manera estratégica para que pudiéramos coger a Nube cuando fuera necesario sin mover la cama y hacer mucho ruido. Así que cogí a Nube, y le apliqué sus gotitas. Ella fue muy muy buena, estaba tan asustada que no intentó ni defenderse. Tan pronto acabé, la dejé de nuevo en el suelo y la dejé tranquila. Por supuesto que le dejé allí sus chuches.


Esa noche ya no le molestamos más, le dejamos bastante comida húmeda, seca, agua y su arenero. También le dejamos una luz tenue en la habitación. Cuando volvimos a la mañana siguiente, se lo había comido todo, chuches incluidas. Había utilizado el arenero y toda la habitación estaba muy revuelta, había estado explorando.


Milo estaba muy curioso y se pegaba a la puerta de la habitación, porque sabía que Nube estaba dentro, y esos días Milo estaba muy apegado a nosotros, incluso vomitó algunas comidas.


Obviamente Milo estaba muy estresado con la presencia de otro gato en casa, y nosotros queríamos reducir ese estrés en la medida de lo posible, por lo que mientras uno estaba dentro con Nube, el otro se quedaba fuera con Milo jugando, prestándole atención y dándole mimos. No hicimos el más mínimo cambio en su rutina, es decir, la comida húmeda a la misma hora, el pienso seco en sus horas, pero sí pusimos un poco más de pienso de lo normal, para que viera siempre comida de sobra

Esto lo hicimos con el objetivo de que, aunque Milo sabía que había otro gato, nunca viera amenazada su supervivencia o pudiera percibir algún tipo de escasez. Pusimos feromonas sintéticas felinas en la casa para ayudar a ambos.

Los siguientes 5 días pasaron exactamente iguales; como ella no quería interactuar con nosotros por el momento, entrábamos de uno en uno y permanecíamos en la habitación sin molestarla. Le ofrecíamos juguetes y chuches, aunque ella no quería nada de eso. 

Sólo la cogíamos 2 veces al día para aplicarle las gotas. El tratamiento de los oídos de Nube duraba 5 días, y aunque siempre se dejó coger sin problema, uno de los días me mordió el dedo; al intentar cogerla, intentó huir y yo la tenía mal cogida, así que ella se defendió. Por supuesto, después de eso, la dejé un rato tranquila, y lo intentaría más tarde.

Yo también estaba muy estresada con todo este proceso; era mi primera vez introduciendo un nuevo gato en casa, y sinceramente, cuando Nube me mordió me vine abajo. Todo estaba siendo muy estresante para mí también, y a veces tenía el sentimiento de que, aunque hacía esto para mejorar la vida de Milo, quizás me estaba equivocando. Milo lo estaba pasando mal, Nube lo estaba pasando mal, y yo también lo estaba pasando mal.

Creo que contar esta parte es importante, porque como mencioné en la introducción, adoptar un segundo gato es una experiencia muy diferente para cada persona y que va a depender de muchos factores que sea un proceso fácil o más complejo y estresante para todos: el gato nuevo, el que ya vive con nosotros y para nosotros mismos. 

Durante los primeros días, en los que yo estaba más estresada, busqué cosas que me ayudaran, como ver vídeos y leer artículos sobre este tema, y lo que más me ayudó fue buscar la experiencia de otras personas, esto me ayudaba a entender que todo lo que estaba pasando era completamente normal y que era parte del proceso.

Una vez que Nube acabó el tratamiento, todos sentimos mucho alivio: ella porque ya no iba a ser más manipulada a la fuerza, y nosotros porque respetaríamos que ella interactuara con nosotros cuando se sintiera cómoda. Justo cuando acabamos el tratamiento, ella empezó a mostrar interés por los juguetes, eso sí, debajo de la cama, pero nosotros nos las ingeniábamos para jugar con cañas y cintas que pudiéramos mover y que ella pudiera coger.

Nala

Fuimos a recoger a Nala en nuestra misma ciudad, y la llevamos a casa en coche dentro del transportín. Este proceso fue muy estresante para ella, ya que la noche anterior la había pasado dentro de un transportín rodeada de perros, por lo que volver al transportín le estresó mucho.

Al llegar, la dejamos en la habitación que habíamos preparado con todo lo necesario: comida, agua, arenero, rascadores, juguetes y escondites. Esa sería su zona segura durante la adaptación – presentación.

Le abrimos el transportín, y fuimos entrando de uno en uno en la habitación, y para nuestra sorpresa, Nala se mostró muy sociable, estaba muy aliviada de salir del transportín y enseguida empezó a jugar con nosotros. También usó su arenero con nosotros delante, y comió y bebió.

Queríamos darle espacios para que ella estuviera sola y tranquila para poder comer, beber y usar el arenero, ya que no sabíamos cuánto tiempo estuvo privada de un arenero, comida y agua. Pero ella se mostró muy cómoda con nosotros. Era como si Nala nos conociera de siempre, y como si esa habitación hubiera sido su casa antes.

Al mismo tiempo, Milo estaba fuera, todo el tiempo detrás de la puerta de la habitación, ya que aunque Milo no vio entrar a Nala porque ella estaba en el transportín, sabía que había otro gato en casa, ellos pueden olerse.

Mientras uno estaba dentro con Nala, el otro se quedaba fuera con Milo jugando, prestándole atención y dándole mimos. No hicimos el más mínimo cambio en su rutina, es decir, la comida húmeda a la misma hora, el pienso seco en sus horas, pero sí pusimos un poco más de pienso de lo normal, para que viera siempre comida de sobra. Esto lo hicimos con el objetivo de que, aunque Milo sabía que había otro gato, nunca viera amenazada su supervivencia o pudiera percibir algún tipo de escasez.

Una cosa que hicimos fue darles un churu a cada uno al mismo tiempo estando cerca de la puerta, para que empezaran a asociar con cosas positivas la presencia cerca del otro.

También teníamos en casa feromonas sintéticas, específicas para la introducción de un nuevo gato en casa.

Los siguientes pasos los iríamos dando en función de cómo iban progresando; por el momento, lo importante era que Nala se habituara a su habitación y a nosotros, y que Milo se sintiera cómodo con la presencia de otro gato en la casa, sabiendo que su supervivencia no peligraba y que nada iba a cambiar para él.

Es importante ser respetuosos con el proceso, porque una buena introducción va a ser clave para una relación saludable entre ellos y con nosotros.

🐾 Intercambio de olores

En esta fase se harán intercambios de olores más exhaustivos para que ambos gatos vayan reconociéndose de una forma más profunda.

Nube

Pasados esos primeros 5 días del tratamiento, Nube empezó a estar más receptiva con nosotros: ya comía y usaba el arenero en nuestra presencia. También empezó a jugar sin tener que estar debajo de la cama todo el tiempo; iba saliendo cada vez más y la habitación era un sitio seguro para ella.

En ese momento, Nube ya estaba más tranquila, y es por ello que decidimos intercambiar la mantita de Milo con la suya. Pusimos la mantita de Milo en la camita de Nube y la de Nube en la de Milo. Para nuestra sorpresa, ambos las rechazaron, es decir, ninguno se ponía encima de la manta del otro.

Para que pudieran usar sus camitas, pusimos las mantitas cerca de las camitas pero sin taparlas, de manera que se fueran familiarizando con el olor del otro pero sin invadir el espacio de descanso.

Estuvimos en esta fase unos 3 días más hasta que decidimos pasar a la siguiente, donde ya veíamos a Nube más confiada y cómoda, ya que siempre que interactuábamos con ella se mostraba muy receptiva y quería jugar, lo cual era una muy buena señal.

Nala

Una vez que Nala llevaba unas horas en casa, notamos que estaba muy insistente en salir de la habitación. Milo, sin embargo, no estaba igual de preparado, mostrando inquietud y estrés; necesitaba más tiempo para asumir que otro gato conviviría en casa y que su estabilidad no se vería comprometida.

Decidimos intercambiar mantitas y juguetes. Como Nala sólo llevaba unas horas en casa, había interactuado poco con los juguetes y la mantita, por lo que frotamos la mantita por su cuerpo para impregnarla más de su olor.

Al hacer el intercambio, ambos se mostraron muy curiosos con el olor del otro, sin rechazarlo. Tanto Milo como Nala olían las mantitas y descansaban encima sin problema.

Aunque todo lo que veíamos nos parecía muy positivo, queríamos ser prudentes y no precipitar nada, por lo que con Nala estuvimos en esta fase un día más, 2 en total, para que ambos pudieran estar más cómodos con la idea de convivir juntos.

🚪 Contacto controlado: 

En esta fase se abre la puerta de la habitación un poco, o se usa una red, para que puedan verse sin contacto directo.

Nube

A los 7-8 días, Nube estaba mucho más tranquila, y Milo también; se acercaban mucho a la puerta de la habitación cada uno por su lado. Por eso decidimos abrir la puerta de la habitación donde Nube se encontraba, para que ella pudiera salir y Milo entrar. Cada vez que abríamos la puerta, había una persona dentro y otra fuera. Esta fase siempre debe hacerse con supervisión.

Nube no conocía la casa; solo la sacamos una vez de la habitación para limpiarla, y la habíamos puesto de manera temporal en otro lugar durante unos minutos.

Milo fue el primero que entró en la habitación. Ella estaba debajo de la cama, y Milo exploró toda la habitación sin entrar debajo de la cama. Por aquel entonces, Milo tenía mucha ansiedad por la comida, por lo que retirábamos la comida de ambos cada vez que abríamos la puerta para prevenir conflictos.

Esta fase duró 3 días y no hubo cambios importantes. Abríamos la puerta, Milo entraba y ella permanecía debajo de la cama. Milo nunca se metía debajo de la cama, solo olía el resto de la habitación y no era nada invasivo con ella.

Llegó el momento en que dejamos la puerta abierta todo el tiempo, para que ella decidiera salir cuando se sintiera preparada. Cerrábamos la puerta si no estábamos en casa o durante la noche, cuando no podíamos supervisar la situación.

Milo estaba más tranquilo y cada vez entraba menos; a veces se quedaba en la puerta y ellos dos se veían desde la distancia, manteniendo contacto visual, pero sin acercarse ni mostrar incomodidad, más bien curiosidad.

Nala

Cuando abrimos la puerta, Nala salió de la habitación con muchas ganas y empezó a explorar su nueva casa. Milo se mostró muy curioso con ella, pero nada incómodo.

Esta fase prácticamente no la pasaron, ya que Nala salió de la habitación muy pronto y comenzaron los encuentros rápidamente.

🐱🐱 Encuentros cortos y supervisados

En esta fase aumenta gradualmente el tiempo juntos mientras observas su lenguaje corporal.

Nube

A los 10 días, Nube empezó a salir de la habitación muy poco a poco, y lo hacía cuando todos en casa estábamos en calma, incluido Milo. Por ejemplo, cuando veíamos la TV en el sillón los tres, o cuando estábamos trabajando y Milo dormía en otra habitación.

Nube se aseguraba de que nadie se moviera; si nos levantábamos o escuchaba que Milo se movía, ella corría debajo de la cama.

Pasaron 2-3 días hasta que ella se sintió preparada para interactuar con Milo. Milo se acercaba muy despacio, sin agobiarla, y la olía; ella se quedaba muy quieta. Cuando dejaba de estar cómoda, se alejaba. Milo a veces la perseguía, y se quedaban mirándose en el mismo espacio; si Milo se acercaba, ella le bufaba. A veces Milo también emitía maullidos de incomodidad.

Los encuentros eran tranquilos y sin mucho acercamiento, pero empezaron a surgir problemas con el arenero. Nube tenía su arenero en su habitación y Milo empezó a utilizarlo y marcarlo. En la casa había 3 areneros: el de cada uno más uno extra, pero Milo los usaba todos y los marcaba.

Nube también empezó a utilizar los tres, pero Milo se volvió territorial y cuando Nube usaba el arenero cerrado (el que compramos para Nube), Milo le daba manotazos, y ella respondía igual. Durante el día ocurría este comportamiento, pero por la noche ambos usaban los areneros sin problema.

Nosotros distraíamos al otro o le dábamos premios para reforzar conductas positivas de respeto al usar el arenero. Con Milo esto era más fácil, ya que Nube aún no se acercaba a nosotros.

Después de 3 días, Nube y Milo empezaron a descansar y jugar juntos. Se perseguían jugando y se sentían cómodos casi todo el tiempo. El arenero seguía siendo un problema, así como que Milo intentaba lamer a Nube, quien no se sentía cómoda y le daba manotazos.

Tener paciencia

Tras 2 semanas, convivían de manera muy amigable: jugaban, descansaban juntos y el pienso seco lo comían en la misma habitación pero en zonas separadas. La comida húmeda se la dábamos a Nube en otra habitación por un tratamiento veterinario. Ambos empezaban a disfrutar de la compañía del otro.

Con nosotros, Nube iba más despacio en contacto físico, acercándose si estábamos sentados o tumbados. Jugábamos mucho con ella con cañas y cintas, y respetábamos sus tiempos y espacio, dejándola coger confianza.

A las 3 semanas, Milo y Nube eran inseparables: jugaban, descansaban juntos y tenían peleas sin agresiones graves, ajustando la relación.

Nala

Nala salió de la habitación y empezó a explorar toda la casa. Milo se empezó a acercar a ella de manera muy curiosa mientras ella iba oliendo y explorando todo, ella le bufaba y él se apartaba. Milo nunca emitió ningún maullido ni bufido hacia ella. Se alejaba y al rato volvía a acercarse. 

Esa noche intentamos que Nala durmiera en su habitación de nuevo, pero ella no quería volver a estar allí encerrada sola, por lo que decidimos dejarla fuera, y estar pendientes. Para nuestra sorpresa ella se vino a dormir a la cama con nosotros y Milo lo respetó, él a veces dormía con nosotros y otras no, esa noche él durmió en el sillón. Nala no quería entrar en su habitación, es como si le diera miedo que la volviéramos a encerrar, por lo que sacamos su comedero y cuenco de agua fuera y su arenero, en la misma habitación que el de Milo pero en zonas separadas.

Al día siguiente Nala dejó de bufar a Milo. Ella seguía explorando y jugando con todo. Con nosotros era muy cercana, jugaba, se subía con nosotros a descansar y comía de nuestra mano. Milo por su parte empezó a lamerla siempre que podía, y a veces intentar montarla. Ella se defendía y huía, su forma de defenderse era darle manotazos a Milo.

En cuanto al arenero, Nala empezó a utilizar el arenero de Milo desde el momento que salió de la habitación y Milo lo aceptó sin problema, al igual que hicimos con Nube, dejamos 3 areneros en casa, en diferentes sitios, pero los dos utilizaban el de Milo.

Pasó una semana y Nala estaba muy adaptada a la casa y a nosotros, Milo por su parte siempre que podía la lamía, pero después de los dos primeros días juntos ya no intentaba montarla. Las cosas entre ellos iban bien, pero mantenían la distancia, sobre todo Nala con Milo. Un día llegó un paquete a casa y una gran caja de cartón, ese día empezaron a jugar juntos con la caja, estuvieron toda la mañana, y a partir de ahí también empezaron sus dinámicas de juegos.

Los lamidos de Milo cada vez empezaban a ser más insistentes, y ella iba cogiendo más confianza para rechazarlo, no le gustaba nada que Milo la lamiera.

Otro momento de fricción eran las zonas de descanso, aunque jugaban juntos, comían juntos y compartían el arenero, Milo no compartía con ella las zonas de descanso, si ella se ponía en un sitio que estaba libre, Milo la quitaba con manotazos y mordiendo (nunca causando lesiones) Nala se iba y buscaba otro sitio.

Nosotros lo que hicimos fue proporcionar varias zonas de descanso, sobre todo altas, como hamacas, y árboles para gatos. Ayudó algo pero Milo seguía echándola, y encontramos una solución, Nala saltaba más alto que Milo por lo que colocamos la hamaca a una altura donde solo llegase Nala, y así ella podría descansar sin temor a que Milo la eche.

Cuando Milo la echaba de nuestra cama por la noche, lo que hacíamos era bajar a Milo de la cama, sin reñir, solo bajarlo, para que entendiera que eso no nos gustaba. Y cuando subía y respetaba a Nala, le dábamos caricias a ambos, premiando ese buen comportamiento. Un par de noches decidimos cerrar la puerta de la habitación para que nuestra cama no fuera un recurso por el que pelear y de alguna forma neutralizarlo, pero Milo lo hacía con todos los sitios donde ella descansaba, por lo que esto no era una solución. Tenían varias zonas de descanso, altas, bajas, alfombras en el suelo… y Milo la echaba de todos los lados cuando a él le apetecía, así que era una conducta que queríamos trabajar, y al mismo tiempo, queríamos darle a Nala un espacio en el que Milo no pudiera molestarla.

La verdad es que su relación fue mejorando cada día, y todo sucedía muy rápido entre ellos. Fueron ajustando las dinámicas de juegos, ya que a veces Milo se podía un poco pesado lamiendo a Nala, e incluso la perseguía cuando ella no se dejaba lamer. Nala por su parte fue poniendo sus límites, cada vez más segura y confiada.

Importancia del lenguaje corporal

Aprendimos a leer el lenguaje corporal, sobre todo a la hora de jugar, porque a veces dudábamos en si era pelea o juego, ya que a veces eran juegos muy brutos, sobre todo por parte de Milo. Nala también le iba mostrando con qué juegos se sentía más cómoda.

Nosotros solo interveníamos cuando Milo se ponía agresivo con Nala, y sabíamos claramente que ya no era juego. Muchas veces empezaban jugando, y cuando Nala ponía algún límite, o simplemente no quería jugar, Milo la perseguía y la mordía. Lo que hacíamos era intervenir con juegos, cogíamos las cañas de juguetes que les gustan y redireccionábamos su atención al juego. Siempre funcionó, ellos empezaban a jugar, y Milo se olvidaba. Al rato estaban juntos otra vez jugando, persiguiéndose…

🍽️ Refuerzos positivos:

Dales premios o comida rica durante los encuentros para que se asocien con experiencias agradables.

Tanto con Nube como con Nala siempre procuramos reforzar mucho las conductas positivas, con caricias, con juegos y con premios. Por ejemplo, al principio en los primeros encuentros, les dábamos un churu a la vez cuando estaban juntos, o cerca de la puerta cada uno en una habitación. Esto es para que asocien la presencia del otro a experiencias agradables.

Nuestro tiempo con Nube lamentablemente fue muy corto, ya que ella falleció a las pocas semanas de llegar a casa, por lo que a continuación detallaré cómo reforzamos positivamente con Milo y Nala.

Importancia del juego

Jugábamos mucho con los dos a la vez, para que asocien experiencias agradables y positivas juntos. Utilizábamos cintas para que las cogieran, o algún juguete que ambos pudieran perseguir.

A veces Milo se apropiaba del juguete, por lo que utilizábamos 2 juguetes a la vez, un juguete diferente para cada uno. Por ejemplo, Nala tiene una personalidad muy cazadora, y le encantan las cañas de ratones (cuanto más realista mejor), Milo sin embargo es de cintas y ratoncitos con sonidos, por lo que al mismo tiempo usaba 2 cañas diferentes, y mientras que lanzaba uno, movía el otro. Siempre procurando que jueguen los dos al mismo tiempo.

Otras veces hacían juegos cooperativos, y ambos se iban tras un muelle. También les gustaba mucho jugar con un tubo que teníamos o con alguna caja de cartón, y otras veces jugamos con cada uno individualmente.

En definitiva, reforzamos mucho el juego entre ellos, y las conductas que nosotros consideramos apropiadas, premiamos y fomentamos mucho el juego y las conductas respetuosas, pero también entendemos que ellos tienen que ajustar su relación, y en muchas ocasiones nosotros no intervenimos, siempre y cuando no haya alguna agresión fuerte, ya que ambos le tienen que mostrar al otro sus límites para ajustar su relación en la convivencia.

🧘‍♀️ No fuerces la interacción:

cada gato tiene su ritmo. La convivencia puede tardar días o incluso semanas.

Haciendo un balance de ambas experiencias de presentación y adaptación, la de Nube y la de Nala, creo que lo más importante de todo es tener claro que el gato que tenemos en casa está receptivo a una convivencia con otro gato. Nosotros en ese aspecto estábamos seguros de que Milo quería compañía. De hecho Milo, siempre lo ha puesto muy fácil y aunque tanto con Nube como con Nala ha habido y habrá momentos de peleas, nunca por parte de Milo ha habido agresiones graves hacia las gatas, ya que nunca las ha lesionado, o les ha hecho heridas con los mordiscos.

Ellas, tanto Nube como Nala, le provocaron a Milo una úlcera en el ojo. Con Nube, Milo la quería lamer y ella se defendió, y con Nala fue jugando, ya que ella estaba arriba y Milo tumbado. Estos dos incidentes fueron al principio, cuando estaban ajustando su relación. Hay que tener en cuenta que ambas gatas eran más pequeñas que Milo, que aún no estaban castradas.

Cuento esto porque en nuestro caso, Milo era un gato mayor, y más grande que las dos gatas, y cuando se peleaban durante el periodo de adaptación, Milo podría haberles hecho mucho daño si hubiera querido, pero no lo hacía.

Otro aspecto a tener en cuenta es que nosotros hemos estado muy pendientes del proceso, y hemos facilitado todo lo que estaba en nuestra mano para ayudarles.

Aprendizajes

Siendo sincera, el proceso de Nube para mí fue muy estresante, ya que todo era nuevo. Milo había llegado a casa hacía un mes, y era mi primera experiencia conviviendo con gatos. También hay que tener en cuenta que Nube era una gatita que había tenido un pasado muy duro, y ella necesitaba más tiempo para confiar. Por supuesto le dimos todo el tiempo que ella necesitó, y todo el amor del mundo. Hay que tener paciencia y confiar en el proceso.

Con Nala, yo estaba algo más tranquila, ya tenía la experiencia con Nube, también había leído mucho sobre el tema, y ya sabía cómo Milo se comportaba con otro gato. Por otro lado, Nala estaba muy confiada con nosotros desde el principio, era como si nos conociera de siempre, por lo que en este segundo proceso todo fue más rápido.

Es fundamental llevar a cabo un buen proceso de presentación adaptado a las circunstancias de cada gato. Por mucho que queramos que esta parte pase rápido, lo digo por experiencia, hay que darles el tiempo que necesiten, ya que con un buen comienzo puedes evitar problemas a largo plazo.

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