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🚽Areneros y lechos: mi experiencia

Tres gatos junto a un arenero y varias bolsas de arena, uno saca arena con una pala

📌 Nota importante antes de continuar

Antes de entrar en este tema, me gustaría aclarar que, como en todo, siempre influye el factor económico y las posibilidades de cada persona.

Lo que comparto aquí está basado en mi experiencia personal, con el único objetivo de ofrecer información que a mí me hubiera gustado conocer cuando empecé a convivir con gatos.

🐾 Introducción

He decidido hacer esta sección con los dos temas juntos: areneros y lechos, ya que mi evolución y mis aprendizajes se dieron conjuntamente.

Sin el uno, no hubiera tenido el otro.

🪤Primer arenero

Acabábamos de adoptar a un gato abandonado, Milo lo llamamos. Estábamos haciendo senderismo; era sábado y teníamos varios festivos por delante, así que, una vez salimos de la ruta, cogimos el coche y teníamos que parar a comprar lo necesario para Milo.
La primera parada fue en un bazar, donde fuimos a buscar un arenero.

En ese momento, no tenía ni la más mínima idea de que existían diferentes tipos de areneros. Yo llevaba a Milo en la mochila, dormido y descansando.
La verdad es que es increíble cómo confió en nosotros desde el primer segundo, como si llevara con nosotros toda su vida.

Fuimos a la sección de mascotas, y allí vimos que existían varios tipos de areneros. Mi amiga, que convive con cinco gatos, nos indicó el que ellos utilizan: la bandeja básica, y ese fue el que escogimos para él.

Una bandeja básica con una palita. ¡Ese sería el primer arenero de Milo!

💩Primera arena

Una vez salimos del bazar, fuimos a un supermercado. En esta ocasión, me quedé con Milo en el coche, y mis amigos y mi pareja entraron a comprar comida y arena.

La arena que compraron fue la más básica que tenían: arena absorbente antibacteriana de sepiolita, la misma que usaba mi amiga con sus gatos.
Esta arena no era aglomerante, y la verdad es que generaba mucho polvo. La estuvimos usando aproximadamente un mes.

Recogíamos las cacas a diario, pero el pis se quedaba, por lo que había que cambiarla cada 3 a 5 días.
En cuanto a los olores, los camuflaba bastante bien. Además, por aquel entonces, Milo enterraba todo lo que hacía: cavaba creando un hoyo, se agachaba y ahí hacía sus cosas. Después las enterraba con mucho cuidado, sin sacar apenas arena fuera del arenero ni en sus patas

🪤💩Segundo arenero, segunda arena

Al mes de tener a Milo, llegó Nube, y para ella compramos una bandeja similar a la que tenía Milo, para dejarla dentro de la habitación donde se encontraba durante su periodo de presentación y adaptación.

Nube, a diferencia de Milo, sacaba mucha arena al enterrar. De hecho, a veces enterraba en dirección opuesta a donde hacía sus cosas. Nos hacía mucha gracia, pero la habitación acababa llena de arena.

Decidimos entonces comprarle a Nube un arenero cubierto: la bandeja era mucho más alta, y tenía tapa y puerta.
Introdujimos el nuevo arenero de manera gradual, y por supuesto, pusimos dentro la misma arena que Nube había estado usando unos días. Primero lo dejamos sin tapa, luego tapado, y finalmente probamos con la puerta puesta. Vimos que no se sentía muy cómoda, por lo que prácticamente no la usamos. Con este arenero, Nube sacaba mucha menos arena.

Poco después, Nube comenzó a toser, y como no sabíamos qué podía estar provocando esa tos —ya que apareció de pronto—, decidimos hacer cambios en todo lo que se nos ocurría que podía influir, para ver si lográbamos ayudarla.
Uno de esos cambios fue la arena, ya que la que usábamos generaba mucho polvo. Empezamos a probar con una arena aglomerante.

Esta nueva arena también era de supermercado y costaba el doble que la anterior. Estaba compuesta de bentonita blanca y tenía perfume a lavanda. Generaba mucho menos polvo, y de hecho, desaparecieron las legañas marrones que ambos tenían en los ojos.
Ahí comprendí que el polvo de las arenas les genera muchas legañas.

Lamentablemente, la tos de Nube no desapareció, aunque curiosamente no tosía cuando visitaba el arenero.

A Milo también le pusimos esta nueva arena, haciendo una transición gradual con la anterior. Sin embargo, ambos sacaban más arena en sus patas, ya que la nueva era más fina y se les quedaba pegada.

Compramos una alfombrilla en forma de panal para poner debajo de los areneros, y aunque ayudaba un poco, seguía saliendo arena. Aun así, al saber que era más saludable por generar menos polvo, decidimos mantener esa arena.

Cuando Nube salió finalmente de su habitación, sacamos también su arenero y lo colocamos cerca del de Milo. Además, añadimos la primera bandeja que le habíamos comprado a Nube, para tener un arenero extra, ya que Milo se volvió territorial con ellos.
Ahora teníamos dos bandejas abiertas y un arenero cubierto.

Milo empezó a usar todos los areneros, mientras que Nube solía usar el suyo cerrado, y a veces los otros dos. Sin embargo, cuando ella intentaba entrar en su arenero, Milo se ponía nervioso e incluso le daba manotazos mientras estaba dentro.

En este punto, Milo dejó de enterrar el pis y la caca, y comenzó a orinar de manera diferente: ahora orinaba de forma vertical en las paredes del arenero, llegando muy alto.
Era una especie de marcaje con orina, ya que movía la cola vibrando, un gesto típico de marcaje.

Parte de la orina se escapaba por la unión entre la tapa y la base del arenero, ya que había una pequeña cavidad con un gancho que unía ambas partes. Para evitarlo, tuvimos que poner refuerzos por dentro, como cartón y cinta adhesiva, para mantener esa zona tapada.
A veces, en lugar de escarbar para enterrar sus desechos, excavaba en las paredes del arenero.

El hecho de no enterrar su pis ni sus heces era un comportamiento territorial, al igual que escarbar en las paredes, ya que también utilizan las uñas para marcar

🪤Tercer arenero

Nube falleció, y entonces dejamos el arenero cubierto para Milo, que continuaba utilizándolo sin enterrar nada, aunque ya estaba solo. Orinaba de la misma forma, verticalmente sobre las paredes. Incorporamos su arenero de siempre para ver si así se sentía más cómodo, pero en la bandeja hacía exactamente lo mismo al orinar, por lo que el pis se salía.

Decidimos dejar solo el arenero cubierto.

Leímos mucho sobre el tema, y lo primero que había que descartar era alguna enfermedad urinaria.

Milo bebía como siempre, y utilizaba el arenero haciendo pises grandes unas 2 o 3 veces al día, sin quejarse ni mostrar ningún comportamiento extraño, por lo que descartamos una enfermedad urinaria.

No encontramos mucha información al respecto, salvo que podía ser estrés o un comportamiento aprendido. Lo que sí vimos es que muchos gatos lo hacen: no tapan sus cosas, escarban en las paredes y orinan marcando.

Milo estaba bien de salud, que era lo más importante, y su actitud diaria era completamente normal. Jugaba, estaba activo y cariñoso, no mostraba ningún signo de estrés.

En el arenero, a veces tapaba sus cosas, otras no; unas veces hacía pis agachado, y otras lo hacía en las paredes, por lo que entendimos que podía tratarse simplemente de comportamientos aprendidos.

Dos meses después, llegó Nala. Le pusimos la antigua bandeja de Nube en su habitación, a la que se adaptó perfectamente y usaba sin problema.

Nala salió de la habitación a los dos días, y esta vez decidimos dejar su arenero dentro, mientras que fuera estaban el de Milo y uno extra. Para nuestra sorpresa, empezó a usar el arenero cubierto de Milo, y él no puso ninguna objeción.

Decidimos dejar los tres areneros durante un mes en el periodo de adaptación, y durante ese tiempo ambos usaban el arenero cerrado, recurriendo a los otros dos solo de manera puntual.

Cuando Nala utilizaba el arenero de Milo, él ni se inmutaba, lo compartía con ella desde el primer día sin ningún problema.

Milo seguía sin enterrar o enterrando escarbando las paredes del arenero.

Continuaba orinando contra la pared de forma vertical, y a veces nos encontrábamos el pis fuera, por lo que decidimos cambiar de arenero.

Habíamos estado mirando opciones, y una de las que más nos convenció fue un arenero con paredes muy altas con entrada superior, con esas paredes se evitaría que la orina se saliera o que tuviéramos que poner refuerzos.

También nos gustó porque era más grande, y ya que ambos compartían arenero, era mejor que tuvieran más espacio.

Lo compramos y dejamos ambos areneros juntos durante dos semanas.

En el nuevo, el arenero de paredes altas con entrada superior, pusimos la arena que ya usaban, y en el antiguo arena nueva. Enseguida empezaron a usar el nuevo arenero, les gustaba y se sentían cómodos.

Después de esas dos semanas, empezaron a utilizarlo con normalidad.

Con este arenero sacaban menos arena en las patitas, ya que al saltar para salir, la mayoría se caía dentro.

Aun así, algo de arena seguía saliendo.

En cuanto al uso, Milo continuaba haciendo exactamente lo mismo. Este nuevo arenero era aún más grande que el anterior, pero al menos, ya no se salía nada de pis. 

💩Tercera arena, ahora pellets

De pronto, Nala comenzó a tener estornudos de manera muy frecuente, unos 10–20 estornudos diarios. Fue de un día para otro, y empezamos a analizar qué había cambiado, ya que Nala llevaba un mes con nosotros y no lo había hecho hasta entonces.

Una de las posibilidades era que Nala pudiera ser alérgica al polvo, aunque llevaba un mes utilizando la misma arena. Sin embargo, habíamos cambiado el arenero de sitio —antes estaba fuera, y ahora lo teníamos en el cuarto de baño— y también habíamos cambiado de arenero.

Teniendo en cuenta todo esto, decidimos que una de las medidas que tomaríamos para intentar eliminar esos estornudos sería cambiar la arena.

Aquí hubo una investigación profunda. Vi muchos vídeos con experiencias de otras personas y leí muchos artículos sobre las arenas y los pellets. Algo que me ayudó a decidirme fue leer reseñas sobre las diferentes opciones que valoramos en los portales de compra. Como siempre, lo que más me ayuda es la experiencia de otros.

Con toda esta información, nos decantamos por unos pellets 100% elaborados con fibras de madera natural, que no generaban polvo. Otro aspecto que también nos gustó fue que eran biodegradables y se podían tirar los residuos por el inodoro. Además, aglomeraban bien los pipís, y los comentarios respecto a los olores eran buenos. También se mencionaba de forma positiva que estos pellets no se adherían a sus patitas.

Con toda esta información decidimos probarlos. Al principio no les gustaron mucho, por lo que hicimos una transición con su arena de siempre durante aproximadamente un mes.
La transición fue así: 75% de arena antigua (ya usada por un par de días) y 25% de pellets nuevos. Cada semana quitábamos un 25% de la arena y añadíamos un 25% de pellets, hasta que al final solo quedaron los pellets.

Con las semanas, los estornudos de Nala desaparecieron, y en aproximadamente un mes ya no estornudaba. No sabemos si el cambio de arena a pellets influyó, pero la verdad es que nos gustaron mucho y decidimos seguir con ellos, siendo ahora el lecho que utilizamos.

Un aspecto no tan positivo es que nos hemos dado cuenta de que desde que usamos los pellets, las veces que Milo entierra sus cacas (porque no siempre lo hace) le cuesta más que antes. A veces no las entierra bien y las pisa, y se le manchan las patitas, algo que nunca antes le había pasado.

Ventajas que notamos:

  • No genera polvo.
  • Es muy cómodo para nosotros, ya que se puede tirar por el inodoro.
  • Aglomera bien los pipís.
  • En cuanto al olor de las cacas, depende un poco de mis gatos: cuando las entierran, no huelen nada, pero si las dejan sin enterrar, huele a caca, aunque eso también pasaba con la otra arena.
  • Un saco de unos 10 kilos nos dura unas 5 o 6 semanas con dos gatos.

Pero lo más importante para nosotros es que Nala dejó de estornudar. No sabemos si la causa era la antigua arena, pero como de momento todo está bien, seguiremos utilizándolos.

Inconvenientes principales:

  • A veces Milo entierra peor las cacas y se mancha las patas.
  • El precio es caro: hemos pasado a pagar unos 10–15 € más al mes aproximadamente.

Por ahora, tanto Nala como Milo están bien adaptados a este tipo de lecho, a excepción de las veces que Milo no entierra bien (una vez cada 2 o 3 semanas aproximadamente).
Seguiremos usando los pellets mientras funcione para ellos, pero como dije al principio, seguiremos observando el comportamiento de Milo y si enterrar se convierte en un problema por la textura o dureza, buscaremos otra opción buena para ambos.

🔄 Cada cuanto cambiamos los pellets

Como mencioné anteriormente, un saco de 10 kilos nos dura aproximadamente de 5 a 6 semanas. A continuación, te explico la forma en la que nosotros los utilizamos de manera habitual.

Abrimos el saco y cubrimos el fondo siguiendo las indicaciones del fabricante. A diario, quitamos las cacas y las bolas de pis aglomerado, y cada cierto tiempo agregamos más pellets para mantener el fondo siempre cubierto. Con esto, retiramos los pellets sucios y dejamos los limpios, aunque siempre se va a quedar alguno sucio, ya que en ocasiones las bolas aglomeradas de pis se rompen un poco o no hemos podido recogerlo todo.

Cuando hemos agregado lo último que quedaba en el saco, ya no añadimos más y los usamos unos días, hasta que el nivel del fondo deja de ser adecuado para ellos. Es entonces cuando tiramos los pellets y empezamos con un saco nuevo, comenzando con todos los pellets limpios, lo cual suele ocurrir cada 5–6 semanas.

💩Volvemos a la arena 

Aunque los pellets nos gustaban mucho, Milo cada vez enterraba peor, y los días en los que se ensuciaba las patas de caca eran más frecuentes.

Eso generaba bastante estrés, tanto para nosotros como para él. Por nuestra parte, estábamos siempre pendientes de cuándo Milo iba a hacer caca, para revisarlo enseguida antes de que se paseara por la casa o se subiera a la cama, los sillones o los rascadores.

Para Milo también era muy estresante. Cada vez que eso ocurría, había que limpiarle las patas, a veces con toallitas especiales para gatos, y otras con agua y champú específico, cuando el problema era mayor.

Afortunadamente, Milo tolera muy bien el agua. Le encanta jugar con ella, y cuando lo hemos bañado, en cuanto sus patas la sienten se queda quieto, incluso parece gustarle. Sin embargo, lo que no le gusta es que lo cojan mucho tiempo ni que lo sequen después, por lo que, aunque disfrute del agua, sigue siendo una experiencia estresante para él.

Con el tiempo empezamos a preocuparnos más, porque Milo empezó a esconderse después de usar el arenero, y eso fue una señal clara de que algo no iba bien. No podíamos permitir que el momento de usar su arenero se convirtiera en algo negativo.

Por eso decidimos hacer cambios y buscar la opción que mejor se adaptara a Milo y Nala.

En un foro leímos algo que nos sorprendió, pero que realmente funcionó: poner un pequeño montoncito de pellets en un lado del arenero.

Tanto Milo como Nala empezaron a enterrar sus cacas como hacían al principio. Fue un gran avance, porque antes no lo hacían, y cuando Milo lo intentaba, acababa con las patas manchadas o incluso sentándose encima de las cacas.

Desde entonces, siempre les dejamos preparado su montoncito de pellets, y al revisar el arenero durante el día, lo volvemos a montar para mantener el hábito.

El siguiente paso fue volver a utilizar arena en lugar de pellets. Sabíamos que con una arena más fina habría más limpieza que hacer, pero la caja de arena es algo fundamental en la vida de un gato, y debíamos encontrar la arena y el arenero que más les gustara y les hiciera sentir cómodos a los dos.

Lo primero que tuvimos en cuenta fue que no generara polvo, ya que Nala no volvió a tener episodios de estornudos, y ambos dejaron de tener las legañas que aparecían con otros tipos de arena.

Elegimos una arena vegetal, aglomerante y sin perfumes, que no genera polvo y resulta suave para las patas.

Tanto Milo como Nala se adaptaron enseguida y se mostraron mucho más cómodos. Decidimos no volver a los pellets, aunque se hubieran acostumbrado, porque era incómodo para enterrar y no resultaba natural para ellos.

Además, esta nueva arena resultó más económica, unos 7 € más barata, lo que también fue un punto a favor.

El único inconveniente fue que ahora sacan más arena en sus patitas, por lo que hay que pasar la aspiradora más a menudo. Aun así, merece la pena por su bienestar.

De hecho, estamos pensando en adquirir un robot de limpieza para facilitar el mantenimiento diario y mantener siempre limpia la zona de los areneros.

🪤Cuarto arenero

Aunque parecía que todo iba bien con el arenero de paredes altas con entrada superior, seguíamos pensando que no era normal que no enterraran sus cosas, sobre todo Nala, que nunca había mostrado comportamientos de territorialidad.

Leía y leía y siempre existía la posibilidad de que ese comportamiento fuese porque no se sentían cómodos con ese arenero. Aunque tenían la posibilidad de sacar la cabeza por la entrada para ver el exterior, ninguno de los dos lo hacía, entraban dentro, hacían lo que necesitaran y salían corriendo.

Así que después de unos meses decidimos volver a probar algo nuevo, un arenero de paredes altas descubierto, y que la altura fuese lo suficientemente alta para que Milo no llegara (puede llegar muy alto) pero que sus cabeza pudieran estar fuera.

Fue una tarea complicada, porque era casi un arenero a medida, y estuvimos a punto de fabricar uno con una caja de plástico de almacenaje de la altura que necesitábamos, y abrir una de las paredes para crear una entrada. Pero encontramos la opción perfecta, era bastante sencillo, pero justo lo que necesitábamos.

Desde la primera vez, Milo y Nala enterraron sus cacas, y Nala también el pis, Milo el pis sigue haciéndolo verticalmente contra las paredes pero en algunas ocasiones está empezando a taparlo.

Después de cuatro areneros, entendimo que es importante encontrar la opción que mejor se adapte a ellos, ya que es una parte muy importante de sus rutinas, y tienen que sentirse cómodos.

Parece que encontramos el arenero perfecto, después de cuatro intentos. El resto de areneros, los hemos donado, sólo nos hemos quedado con uno por si en algún momento necesitamos poner dos.

Con este nuevo arenero, volvíamos a tener más arena fuera dispersa por la casa, pero priorizamos su bienestar.

🧼 Limpieza del arenero

La limpieza del arenero, desde el principio, la hemos hecho de la misma forma: a diario sacamos las cacas y los pipis que hayan hecho, y cada 2 semanas realizamos una limpieza profunda. Hay personas que hacen la limpieza profunda una vez al mes, pero nosotros, al tener dos gatos, nos sentimos más cómodos haciéndola con esta frecuencia.

Los productos que utilizamos para limpiarlos son productos de limpieza neutros. Algunas personas utilizan el lavavajillas de los platos, pero nosotros optamos por detergentes con pH neutro o que indiquen ser aptos para mascotas.

Tras esa primera limpieza, utilizamos limpiadores enzimáticos. Si te estás preguntando qué son, al principio yo tampoco lo sabía, ni siquiera que existían, ni para qué se utilizaban. Hablé con muchos amigos que tienen gatos, y tampoco conocían estos productos. Supe de su existencia cuando empecé a leer sobre el marcaje de Milo en el arenero, y aprendí que este tipo de limpiadores se utilizan para eliminar suciedad orgánica, y muchas personas los utilizan cuando sus gatos marcan en sitios de la casa que no es adecuado.

Al fin y al cabo, el arenero es el mejor sitio que Milo podría haber elegido para marcar con su orina. En el sofá, por ejemplo, marca con sus uñas. Pero hay gatos, tanto machos como hembras, que marcan en sitios fuera del arenero, como cortinas, sofás, camas… y una vez que marcan, lo vuelven a hacer en el mismo sitio, incluso aunque se limpie con nuestros limpiadores habituales. La razón es que estos limpiadores no descomponen los cristales de ácido úrico ni las feromonas que causan el olor, y por ello el gato vuelve al mismo sitio.

Por esta razón, decidimos utilizar ambos productos: con el jabón eliminamos la suciedad visible y los residuos, y con el limpiador enzimático eliminamos las moléculas que causan el mal olor, sobre todo perceptibles para los gatos, descomponiendo las moléculas de olor a nivel biológico.

Nuestro objetivo inicial era que Milo dejara de marcar el arenero, pero después de conocer cómo funcionan estos productos, los utilizamos por higiene, ya que permiten una limpieza más profunda. También los usamos cuando alguno de mis gatos vomita en la alfombra (su sitio preferido para vomitar) o para cualquier resto orgánico; este producto es el indicado.

Si te decides a utilizarlo, es importante seguir las indicaciones del fabricante paso a paso para su correcto uso.

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