😺Quiero adoptar un segundo gato, ¿por dónde empiezo?: mi experiencia

Gatos de dibujos animados explicando un plan de adopción con dos gatitos bebés en una caja

🐾 Introducción

Al poco de adoptar a Milo, llevábamos apenas un mes con él, y vimos que era extremadamente sociable y buscaba interactuar siempre con nosotros. Cuando salíamos a comprar, él se venía detrás y nos acompañaba hasta la puerta. Nos daba mucha pena: se quedaba sentado esperando o se iba al sillón a dormir. Cuando regresábamos, venía feliz a recibirnos; a veces se quedaba detrás de la puerta esperando.

🎮 Cambio en el juego y necesidad de compañía

Notamos que Milo cada vez jugaba menos. Es cierto que lo habíamos castrado y que se acercaba al año de edad, pero ya no le hacía mucho caso a los juguetes, y aunque jugábamos con él, los juegos que más le gustaban eran el pilla-pilla, simular la caza y las luchas… juegos que no siempre podíamos ofrecerle con suficiente frecuencia..

👥 Decisión de adoptar un segundo gato

Hablamos con varias personas de nuestro entorno que convivían con gatos, y que consultábamos siempre que teníamos dudas, para que nos contaran sobre su experiencia. Muchas de esas familias que ya convivían con gatos nos sugirieron adoptar un segundo gato.

Nos explicaron que, para algunos gatos, la compañía de otro gato puede hacer su vida más plena, divertida y enriquecedora. Por cómo describíamos a Milo, creían que él era uno de esos gatos que disfrutaría compartiendo su día a día con otro compañero o compañera.

Nos informamos de cómo dos gatos sin un vínculo previo pueden llegar a crearlo e incluso formar un grupo social. Teniendo todo esto en cuenta, y sabiendo que no siempre es posible que se formen grupos sociales entre dos gatos desconocidos, seguimos adelante con la idea clara de buscar un compañero o compañera para Milo. Comenzamos a informarnos sobre la mejor opción: edad, sexo, historial

También nos informamos mucho sobre cómo hacer una buena introducción de un segundo gato en casa, ya que ese proceso es muy importante, y es uno de los pocos aspectos en los que nosotros sí podemos influir directamente y ayudar, por lo que es fundamental informarse y darle a este proceso la importancia que merece.

Con todo lo anterior claro, decidimos empezar a buscar con algunas ideas definidas:
 

  • Queríamos un gato con una edad similar a la de Milo, para que si formaban un grupo social, ambos tuvieran niveles de energía parecidos.
  • Elegimos una gata hembra, preferiblemente ya castrada. Aunque los machos castrados pueden convivir bien, es más probable que surjan conflictos territoriales entre ellos, especialmente al principio. Al ser Milo sociable pero algo sensible, buscábamos reducir al máximo cualquier posible fuente de tensión.
  • Decidimos buscar en protectoras de la zona para evitar viajes largos y estrés innecesario.

Tuvimos dos experiencias:

🌥️ La primera experiencia: Nube

🔍 Una oportunidad inesperada

Justo cuando habíamos decidido adoptar un compañero o compañera para Milo, un amigo nos habló de una gatita rescatada por su compañera de trabajo, que gestionaba también una protectora de animales. Nos preguntó si estaríamos interesados en adoptarla.

Nos pareció un regalo caído del cielo, ya que estábamos justo en ese momento valorando la idea e informándonos. Parecía encajar perfectamente con lo que queríamos.

🛻 Un rescate complicado

Era una gatita que tenía unos 4 meses y había sido encontrada llena de grasa, posiblemente tras haberse refugiado en el motor de un coche; era diciembre y hacía mucho frío.

Nadie sabía de dónde venía ni cuánto tiempo llevaba sola. Estaba desnutrida y su pelaje en muy mal estado por la grasa de los motores.

La persona que la rescató la alimentó, la lavó y la llevó al veterinario. Le hicieron revisión general y tests de leucemia e inmunodeficiencia felina, que resultaron negativos.

Ella era perfecta para nosotros: una gatita que necesitaba un hogar y tenía una edad que encajaba con la que buscábamos.

🏡 Llegada a casa y adaptación

Después de un mes recuperándose con la rescatadora, la gatita estaba lista para ser adoptada. Había cogido peso y estaba mucho más recuperada. Tenía unos 4-5 meses y pesaba poco más de un kilo cuando la trajimos a casa.

Le pusimos de nombre Nube. Era blanquita con manchas negras, tenía el pelo semilargo y unos ojos verdes enormes; era preciosa.

Llegó con mucho miedo. A pesar del cariño recibido anteriormente, su experiencia en la calle había sido dura: hambre, frío, soledad, otros gatos… Todo fue un desafío para ella.

La mantuvimos una semana en una habitación aparte, donde entrábamos y salíamos poco a poco, combinando interacción con Nube y espacios de tranquilidad para no estresarla.

🧡 Conexión y despedida

Tras una semana, Nube empezó a salir de la habitación por sí misma y a explorar la casa. Poco a poco iba cogiendo confianza, sobre todo con Milo.

El proceso de integración iba muy bien, pero lamentablemente, Nube nos dejó al mes de llegar a nuestras vidas.

Fue una pérdida muy dura, como podréis imaginar, y Milo de nuevo volvía a estar solo. Los tres teníamos el corazón roto.

🦁 La segunda experiencia: Nala

🔍 Búsqueda en protectoras

Tras la experiencia que tuvimos con Nube, tuvimos que dejar reposar el tema y hacer nuestro duelo por ella. Nube nos dejó en febrero, y en abril volvimos a empezar a hablar del tema.

Aunque aún sentíamos mucha tristeza, también supimos valorar lo positivo de la experiencia, y sobre todo la forma en la que Milo se benefició de tener una compañera en su vida. Es por ello que el perfil ideal que buscábamos era: gata hembra, alrededor de un año, castrada y con test negativo.

Aunque teníamos claro lo que queríamos, por supuesto que íbamos a ser flexibles, porque aunque buscábamos una compañera para Milo con algunas características, también teníamos claro que queríamos darle una oportunidad a un animal que lo necesitara.

Nos pusimos manos a la obra: consulté varias protectoras de mi zona y anuncios en redes sociales, y después de valorar varias opciones, nos decidimos por una gatita que habían encontrado sola, junto a una carretera. Se encontraba en una casa de acogida, pero debía salir pronto porque no estaba en las mejores condiciones.

Era el caso más urgente. Las otras opciones estaban al menos en entornos más estables. Ella no estaba castrada, pero ese era un tema que ya resolveríamos después.

🎉 ¡Bienvenida Nala!

El jueves por la tarde llamamos a la persona que había publicado el anuncio buscando una acogida o adopción para la gatita, y el viernes por la mañana ya estábamos en marcha.

La rescatadora nos contó que la encontró sola al lado de una carretera, cerca de una colonia felina, y que la gatita empezó a seguirla. Ella no dudó en sacarla de allí.

En el veterinario comprobaron que no estaba desnutrida, estaba limpia y era muy sociable, lo que indicaba un posible abandono. Le hicieron los tests de leucemia e inmunodeficiencia felina y dieron negativos. La edad estimada era de unos 4 a 5 meses, y no estaba castrada. Le aplicaron una pipeta antiparasitaria, ya que venía de la calle.

El hecho de que no estuviera castrada fue duro, ya que después de la experiencia con Nube, nos daba miedo volver a pasar por lo mismo. Nube falleció debido a un shock anafiláctico con la anestesia. Pero, como mencioné anteriormente, también se trataba de darle una oportunidad a otro animal.

🐾 Llegada a casa y primeros días

La recogimos tras haber pasado la noche en un transportín rodeada de perros, por lo que estaba muy estresada. El trayecto en coche a casa (unos 15 minutos) fue bastante duro para ella: estaba muy agobiada dentro del transportín, ya que había sufrido una experiencia muy traumática.

La pusimos en el asiento de atrás, y yo me senté a su lado para intentar calmarla. Tapamos el transportín, ya que leímos que así se sentían menos estresados. Le fui hablando todo el camino, con mi mano sobre el transportín, donde ella pudiera sentirme cerca.

El viaje fue muy duro para ella, y la acompañé en todo lo que pude, aunque, como os digo, fue muy, muy duro.

Al llegar, la dejamos en la habitación que habíamos preparado con todo lo necesario: comida, agua, arenero separado, rascadores, juguetes y escondites. Esa sería su zona segura durante la introducción.

📈 Primeras señales positivas

La sacamos del transportín y la dejamos un rato sola. Lo primero que hizo fue comer, beber y usar el arenero. Poco después, entramos a verla y estaba jugando mucho. Nos buscaba para interactuar, le encantaban las caricias y ronroneaba feliz, por lo que los momentos de interacción y juego eran cada vez más largos.

Pasó dos días y dos noches en la habitación, y al tercer día supimos que tanto ella como Milo estaban listos para conocerse.

🦁 Un nombre con personalidad: Nala

Al jugar con ella, vimos que tenía un estilo muy distinto al de Milo: era una pequeña cazadora nata. Por eso decidimos llamarla Nala, como la leona de El Rey León.

¡Nuestra pequeña leoncita había llegado para quedarse! 🦁💛

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